Cuando tienes una pareja por mucho tiempo te vas acostumbrando a sus cosas, y te acoplas a sus rutinas y costumbres. En la cama pasa lo mismo. Te acoplas y te acostumbras a sus ritmos y tiempos.
Y ya no hay más que pueda hacer. Todo concluyó y obviamente no estoy bien con eso. Siento que lo tomé demasiado tranquila y en cualquier minuto me puede venir la angustia, pena, rabia, ataque de llanto o todo lo que duele después de tan impactante noticia.
Una vez cierto hombre me dijo que yo lo quería, o más bien, creía quererlo, simplemente porque era la única persona que alguna vez me dijo que no. Creo que tenía algo de razón, porque una vez que acabó cediendo y ese no desapareció, ya no lo quise más.
Plantada. Así es, plantada. La primera vez me dijo que se quedó dormido. Cuando ya era muy taaarde me llegó su mensaje. Debo admitir que me conmueve y me compran fácilmente diciéndome lindas palabras como preciosa, princesita, guapa y otras tantas cursileías que sabemos son mentiras, pero igual nos gusta escuchar (atentos hombres, sí, nos gustan). Así que con una serie de adjetivos calificativos que me vendió bien y adornaban su básica excusa decidí creerle y darle una nueva oportunidad.
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